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    December 11

    Frase de la semana, 11 de Diciembre de 2007

    1. Cuando se quiso dar cuenta, era otra vez otoño. Y eso significaba para Travis, el pequeño de los Carter, el regreso de la familia Trumm a la casa del final de la calle. Donna, Clara y Marla, las niñas Trumm, Habían sido para Travis la única distracción para las tardes de invierno en aquél apartado y casi deshabitado pueblo.

     

     

    2. – Las turbulencias presagiaban lo peor... –sollozó Carmen en cuanto vio asomar a sus hijos en el hall del aeropuerto- ¡Creíamos que íbamos a morir!

    - No hagáis caso a vuestra madre, ya sabéis lo exagerada que se pone siempre. Un poco más y nos echan del avión.

     

     

    3. “El niño debe ser protegido contra toda zona de abandono, crueldad y explotación”, así rezaba el cartel que, copiado de Dios sabe donde, Carlos había colgado en la puerta de su habitación. Al menos, así era hasta que con un gesto cansado su madre lo arrancó mientras pasaba el aspirador el sábado por la mañana.

     

     

    Ya sabéis como funciona esto, ¿verdad? Elige tu propia aventura ;)

     

     

    PD: Esta semana no tenemos frase de inicio. En su lugar, os propondré un ejercicio literario que llevaba tiempo queriendo llevar a cabo con vosotros. Es un ejercicio que pondrá a prueba vuestra inventiva, vuestra agilidad y vuestra imaginación, pero depende de que lo hagáis bien. Se trata de lo siguiente:

     

    Coged un diccionario que tengáis a mano, cuanto más completo mejor. Abrid al azar por cinco puntos diferentes del mismo y copiad en un papel la primera palabra reseñada en cada una de esas páginas, y ya tenéis todo lo que necesitáis para vuestra próxima historia. Tramad durante la semana la forma de unir esas palabras en un relato coherente (o no), y sorprendednos a todos. Después, trataremos de averiguar cuales eran las cinco palabras de cada uno.

     

    ¿Qué me decís? ¿Os apetece jugar un rato?

     

     

     

    December 07

    ¡¡Feliz cumpleaños!!

    No sé si alguna vez, curioseando en el blog de cuentacuentos, os ha dado por remontaros a la primera entrada. Si lo habéis hecho, habréis visto que la fecha en la que fue creado este espacio fue el 07 de Diciembre de 2005, hace hoy dos años.
     
    Desde entonces, nos han pasado muchas cosas, algunas malas, pero casi todas muy buenas. Personalmente, he disfrutado enormemente leyendo vuestras historias y conociendo a las personas detrás de las mismas. Muchos sois los que me habéis alentado a continuar, a seguir soñando con el infinito. Varios habéis traspasado la distancia para convertiros en amigos, y os digo gracias de corazón.
     
    Entre las personas que han trabajado para que El CuentaCuentos sea lo que es, hay dos que brillan con luz propia: Javi y Beleita. Ambos han puesto muchísimo de su parte para que la historia continúe, han perdido horas de sueño y se han enfrascado en tareas considerables. Ambos se merecen mi aplauso y mi admiración. Gracias a los dos, no podría imaginar mejores socios.
     
    A todos los demás, cuentacuentos pasados, presentes, y futuros, habéis conseguido ganaros mi cariño semana tras semana. Sois la esencia de esta mágica aventura, el sentido de todo el esfuerzo que hacemos. Muchas gracias a todos y cada uno de vosotros.
     
    Por mi parte, prometo no borrar nunca la sonrisa, y seguir al pie del cañón sin perder ni una pizca de ilusión. Intentaré ofreceros historias de presentación siempre que me sea posible, y devolveros la energía y la magia que me regaláis cada día. Por que ser un cuentacuentos es, sin duda, una de las mejores cosas que me han pasado en estos dos años.
     
    El Señor de las Historias
     
    PD: Y parafraseando, o casi, a un sombrerero loco: ¡Feliz feliz cumpleaños! ¿A mí? ¡A yo!
    December 04

    Frase de la semana, 04 de Diciembre de 2007

    - ¡Una, dola, tela, catola, quine, quineta, estaba la reina sentada en su silleta, vino el rey le apagó el candil, candil candor, cuéntalas bien que las veinte son! ¡Voy!

     

    Alicia se dio la vuelta y miró hacia el bosque durante unos segundos.

     

    - ¡Allá voyyyyy! –repitió con un grito y empezó a corretear entre los árboles mirando hacia todos los lados. Detrás de los primeros pinos no había nadie escondido, y tampoco encontró a ninguno de sus amigos allí. Debajo de las piedras no había necesidad de buscar, ya que después de que la niña se encontrara una araña feísima habían acordado que no sería un escondite válido.

     

    Continuó corriendo por detrás de la caseta de la leña esperando encontrar a alguien a la vuelta, pero tampoco había nadie. Sin embargo, cuando estaba girando para volver sobre sus pasos notó un movimiento con el rabillo del ojo escabulléndose detrás del tractor del abuelo Francisco. Se acercó de puntillas casi sin poder contener la risa y se preparó para dar un susto al que se estuviera escondiendo allí. Cogió aire tapándose la boca para no hacer ruido y entonces...

     

    - ¡Alicia! ¡Alicia, a merendar!

     

    La niña hizo un exagerado gesto de fastidio antes de contestar.

     

    - ¡Ahora no puedo!

    - ¡Venga, que te he hecho un bocadillo de nocilla!

     

    Alicia se mordió un dedo tratando de tomar una decisión. Miró alternativamente hacia el tractor y hacia la casa, sin saber qué hacer.

     

    - ¿De dos sabores o normal?

    - Normal, como te gusta... y untada en los dos panes.

     

    El detalle de los dos panes era simplemente demasiado para Alicia. Echo a correr hacia la casa con el estómago rugiendo. Antes de entrar a la puerta, se giró y gritó hacia los árboles.

     

    - ¡No se vale! ¡Voy a merendar!

     

    Alicia entró en la cocina como un rayo, mientras en el bosque empezaban a asomar delante de los árboles pequeños duendecillos verdes y hadas de plateadas alas. Se miraron entre risas, y uno de los duendes más pequeños se adelantó hasta la pared de la cocina. Se apoyó contra ella cerrando los ojos y comenzó a contar:

     

    - ¡Una niña, con cara de piña, se acerca hasta el lago, a hablar con el mago, le pide un novio, que sea muy mono, mono monete, si no te escondes ya, cuando llegue a veinte, estarás en un brete! ¡Voy!

     

    FRASE DE DULCE LOCURA: “Cuando se quiso dar cuenta, era otra vez otoño”

    November 27

    Frase de la semana, 27 de Noviembre de 2007

    - ¡Cuenta la historia, Phil!

    - Bien, esta es la historia como yo la conozco.

     

    “Todo ocurrió la víspera de Acción de Gracias de 1971. El vuelo número 305 de Northwest Orient Airlines había salido de Portland en dirección a Seattle Cuando el pasajero de la última fila deslizó una nota en la mano de Florence al pedir su Bourbon con soda, ésta no le dio ninguna importancia. Eran muchos los hombres en viaje de negocios que trataban de seducirla o llamar su atención con notas de todo tipo, desde un simple número de teléfono hasta las proposiciones más sonrojantes. Sin embargo, cuando el pasajero sujetó con firmeza su muñeca y le pidió con voz tranquila que leyera la nota en ese mismo instante, algo en su interior le dijo que aquél tipo era diferente. Dejo la carta de bebidas sobre el carrito y leyó la nota.

     

    “No se alarme y no haga ninguna insensatez. Llevo una bomba en el maletín que tengo sobre mí y estoy dispuesto a usarla si es necesario. Le pido que se siente junto a mí. Están siendo secuestrados.”

     

    Florence leyó la nota tres veces e hizo un esfuerzo porque nada en su cara expresara el miedo terrible que invadía su cuerpo por momentos. Guardó la nota en el bolsillo de su cabeza e indicó al hombre de la gabardina negra que esperara un instante. Dejó el carro de las bebidas detrás de la cortina y se acercó a la cabina del piloto.

     

    - Capitán Scott.

    - Dígame, señorita Schaffner. ¿Algún problema?

     

    Florence deseó con todas sus fuerzas haber podido decir que no, que solo era una tontería. Pero no lo era.

     

    - Me temo que sí, capitán. Tenemos un problema.

     

    El piloto y el copiloto leyeron la nota del pasajero de la última fila y trataron de decidir lo que debían hacer. El primer paso era asegurarse de que la amenaza era real, que no se trataba de ninguna broma de mal gusto. Una vez comprobado esto, debían hacer todo lo posible porque ningún pasajero ni nadie de la tripulación resultara herido. Como no querían alarmar a los pasajeros, ajenos por completo a la situación, le pidieron a la azafata siguiera las instrucciones del secuestrador y tratara de verificar si la bomba era real. Acto seguido, el Capitán Scott se puso en contacto con las autoridades aéreas de Seattle para comunicar la noticia, recibiendo la orden de esperar y colaborar en la medida de lo posible con el asaltante.

     

    Florence caminó hasta la última fila del avión tratando de disimular su miedo. Se sentó al lado de aquél hombre y le pidió ver la bomba. La vio. El hombre, que se identificó como Dan Cooper, cerró el maletín rápidamente y le dio las instrucciones a seguir para el piloto. Quería aterrizar en Seattle, donde las autoridades le entregarían doscientos mil dólares y cuatro paracaídas. A cambió, Cooper dejaría bajar del avión a todos los pasajeros y a parte del pasaje, a excepción de los dos pilotos y de la propia Florence. La azafata le dio las instrucciones al capitán, que las repitió punto por punto al FBI. Los federales se mostraron de acuerdo con las condiciones y ordenaron al piloto un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Tacoma. Una vez en el aeropuerto, los pasajeros fueron desalojados con el pretexto de una avería mecánica, quedando en el avión las cuatro personas convenidas.

     

    Una vez con el dinero y los cuatro paracaídas, Cooper ordenó el despegue inmediato del avión. Dio instrucciones precisas de la dirección en la que el avión debía volar y también de la altitud, 10.000 pies. Viajaban rumbo a Pórtland.

     

    El FBI se movilizó para evitar una tragedia de mayores proporciones. Se puso de acuerdo con los mandos militares del estado y pronto había dos cazas siguiendo al avión secuestrado a una distancia prudencial, dispuestos a derribarlo si el asaltante forzaba al piloto a acercarse peligrosamente a alguna ciudad. Si esto ocurría, los bosques de Oregón serían su última pista de aterrizaje.

     

    Sin embargo, no entraba en los planes de Dan Cooper acercarse a ninguna ciudad, y mucho menos ser derribado por un caza del ejército. Ordenó a los tres secuestrados que se pusieran los paracaídas, y tras hacer él lo propio, los encerró en la cabina. Se acercó a la puerta trasera, que en aquella época no quedaba sellada, y se lanzó en paracaídas en mitad de la noche. Las condiciones metereológicas impidieron que sus perseguidores le vieran saltar, y para cuando quisieron rastrear la zona, no había rastro del secuestrador. No encontraron su cadáver, su paracaídas ni el dinero. No encontraron nada.

     

    Dan Cooper se había desvanecido en la noche a solo unas millas de Ariel, Oregón. A solo unas millas de este pueblo perdido de la mano de Dios. Y por eso brindamos cada año en su memoria. Por que, por una vez, un tipo tuvo las suficientes agallas de robar a los ricos, como si fuera el puto Robin Hood.”

     

    - ¿Tú crees que sobrevivió, Phil? –preguntó un chico joven que había aparcado su partida de Billar para escuchar la historia que Phil contaba cada año.

    - Claro que sobrevivió, Stan. Estoy seguro de que el maldito Dan Cooper sigue vivo, riéndose de todos donde quiera que éste y pateando culos de pardillos como tú.

     

    Todos rieron la broma y levantaron sus cervezas a una para brindar por el recuerdo de un hombre audaz como pocos. Todos menos un tipo sentado al fondo del local en el que nadie había reparado. Un tipo que acabó su cerveza, se levantó con una sonrisa, y cruzó el local para salir a la calle del que se había convertido en su hogar hacía ya treinta y un años.

     

    FRASE DE NINIVÉ: “Las turbulencias presagiaban lo peor”

     

    PD: no pretendo hacer creer que he inventado esta historia. La he novelado, la he matizado, y puede que le haya añadido un par de detalles para la galería. Pero amigos, una vez más, la realidad supera a la ficción.

    November 23

    Resolución Concurso "Relato de Terror 2007"

    Enhorabuena a MJ!

    Su relato, presentado bajo el pseudónimo de Ilsa Blane a resultado vencedor de nuestro certamen "Relato de Terror 2007". Las votaciones, dadas por finalizadas a las 00:00 de este jueves 22 de noviembre le han dado la victoria por un ajustado margen.

    Ilsa, es decir, MJ, se ha ganado vuestros votos con un estupendo relato que ha atrapado a cuantos lo han leído desde el principio.

    ¡Felicidades!

    PD: Estas son las verdaderas identidades de los participantes.

    Ilsa Blane: MJ
    Francess: Brian Edward Hyde
    Bastian Baltasar Bux: Aarón
    Omegarix: Ninive
    Faylinn: Niobe

    Enhorabuena a todos los finalistas por el altísimo nivel.


    November 20

    Frase de la semana,20 de Noviembre de 2007 (Día Internacional del Niño)

    Cuando la puerta de la habitación empezó a abrirse, Marcos se hizo rápidamente el dormido. Siempre que su madre se acercaba a darle un beso de buenas noches él fingía que dormía para que no sospechara que se quedaba leyendo hasta tan tarde. Escondía la linterna y los libros debajo de la colcha y cerraba con fuerza los ojos, y eso fue lo que hizo esa noche.

     

    Sin embargo, nadie entró en la habitación, al menos nadie que caminara en silencio para darle un beso en la frente. Marcos entreabrió los ojos y vio la puerta abierta de par en par. Escuchó un ruido de pasos a los pies de su cama, pero no pudo ver a nadie allí. Volvió a cerrar los ojos para hacerse el dormido, y a los pasos se añadieron un golpe y varios susurros. Marcos respiró despacio, tratando de calmarse, y volvió a abrir los ojos despacio. Lo que vio le dejó helado.

     

    Un par de enormes ojos amarillos le miraban fijamente a solo unos milímetros de los suyos, ocupando todo su campo de visión. Cuando el chico parpadeó, una voz aguda llenó la habitación.

     

    - ¡Es él! ¡Blinderton!-chilló la voz- ¡Es el chico!

    - ¡Shhhhhhhhhh! ¡por las barbas de tellett, cállate!

    -¡Pero es que es él!

     

    Marcos decidió que estaba teniendo un sueño. Un sueño rarísimo, sin duda. Cerró los ojos para seguir durmiendo con tranquilidad, pero unos golpecitos en la frente le obligaron a abrirlos una vez más. Los mismos ojos amarillos, ahora acompañados de una nariz puntiaguda y unas orejas verdes le seguían mirando.

     

    - ¿Eres Marcos?

     

    Marcos asintió con la cabeza muy despacio.

     

    - ¡Pues vamos, que llegamos tarde!

     

    Marcos se incorporó en la cama sin saber todavía muy bien si estaba despierto o no. Delante de él, en la cama, había un ser que no llegaba al metro de estatura, verde y con una mata de pelo rojo saliendo directamente de lo alto de su pequeña cabeza. Vestía una especie de túnica de colores que parecía varias tallas mayor que su dueño.

     

    - ¿Qué eres? –preguntó Marcos.

    - Me llamo Bordingo, para servirte –contestó aquella criatura haciendo una graciosa reverencia.

    - Vale, Bordingo... ¿Pero qué eres? ¿Eres como un elfo? –en cuanto Marcos dijo esto, una cabeza asomó del armario de Marcos. Se parecía a la de Bordingo, pero en lugar de aquella mata roja lucía cuatro pelos azules disparados en todas direcciones.

    - ¿Elfo? –dijo el elfo, o lo que fuera, desde dentro del armario- ¡Elfo, dice! ¡Buff!

    - Somos duendes –dijo Bordingo, como si fuera lo más obvio del mundo.-Venga, vístete que llegamos tarde.

    - ¿A dónde?

    - Al congreeeeso.-contestó el duende del armario, al parecer bastante molesto por tener que dar tantas explicaciones- Desde luego, cada vez los escogen más tontos. Venga, vete poniendo algo de ropa que tenemos que salir en cuatro minutos.

     

    Mientras lo decía, dejó encima de la cama un albornoz, unas botas de agua, la parte de arriba del uniforme del colegio y cuatro pares de calzoncillos. Marcos se rió al ver aquella combinación tan estrambótica, y bajó de la cama de un salto. Cogió los vaqueros de la silla de estudio y se los puso junto con las zapatillas. Buscó en el armario una camiseta limpia y se la puso. Lo pensó un momento, y se dio cuenta de que no sabía a donde le llevaban, así que cogió también la chaqueta vaquera y su gorra roja de la suerte. Se agachó para hablar al oído a Bordingo, que desde luego parecía mucho más sociable que su compañero.

     

    - ¿A qué congreso?

    - Al C.U.L.I. El Congreso Universal de los Lideres Infantiles.-bajó la voz hasta convertirla en un susurro- Es todo un evento, se celebra solo una vez al año.

    - ¿Lideres infantiles? ¿Y qué pinto yo ahí?

    - ¿Cómo que qué pintas? –intervino Blinderton, dando unos golpes en la cabeza de Marcos como hubiera hecho con una nuez para comprobar si está vacía- ¿Hay alguien ahí, chico? Eres uno de los líderes...aunque ahora que te conozco comprendo que tengas tus dudas.

    - No le hagas mucho caso, es un cascarrabias –le dijo Bordingo en cuanto se pusieron en marcha- El caso es que es así, te han escogido como uno de los lideres, pero eso mejor que te lo expliquen cuando lleguemos. Sube.

     

    Cuando levantó la vista, Marcos vio delante de la puerta de su habitación había un carro tirado por cuatro preciosos caballos blancos. Los duendes se subieron de un salto y le hicieron gestos para que hiciera lo propio. Todo aquello seguía pareciéndole un sueño, así que pensó que no había problema por seguirles la corriente. Se encogió de hombros y subió al carro de un salto.

     

    - ¿Y mis padres? Como vean que me he ido...

    - No te preocupes, –le contestaron- esta noche un hechizo protegerá tu casa y hará dormir a tus padres a pierna suelta hasta media mañana, y para entonces ya habrás regresado, tenemos tiempo de sobra.

     

    Blinderton, el duende que parecía estar al mando de la expedición, agitó las bridas espoleando a los corceles. Los animales soltaron un bufido, se encabritaron y comenzaron una frenética carrera a través del pasillo, la cocina y las escaleras del bloque donde el niño vivía. A marcos le parecía increíble que no hubieran destrozado todos los muebles a su paso, llamando la atención de todos los vecinos. Sin embargo, salieron a la calle sin ningún problema y empezaron su carrera a través del parque que empezaba detrás de la tienda de ultramarinos. Corrieron atravesando ciudades y campos cada vez más deprisa, tanto que a Marcos se le hacía complicado distinguir los pueblos a su paso. Montado en aquél carro, todo parecía un enorme borrón de colores a su alrededor.

     

    Pasado un rato, los caballos aminoraron la marcha hasta detenerse. Justo delante de ellos, un enorme puente dorado cruzaba un río en el linde de un precioso bosque. Bordingo se bajó haciendo una extraña voltereta y el chico le siguió. Acompañó a los duendes hasta el puente mirando hacia todos los lados, sin saber muy bien qué esperaba ver allí. Justo en el punto en el que comenzaba la subida, los duendes se pararon y le dejaron avanzar en solitario. Marcos vio delante de él una especie de mostrador en el que dos niñas gemelas esperaban sonrientes.

     

    - ¿Eres Marcos? –preguntaron al unísono. EL chico asintió con la cabeza, pensando que todo el mundo parecía esperarle. Las chicas le dieron un sonoro beso en la mejilla, uno cada una, y le pusieron una chapa en la solapa de la cazadora. El niño la levantó para verla y pudo ver las siglas “C.U.L.I.” escritas con unas llamativas letras doradas. Aquello empezaba a gustarle, pensó para sí.- Acompáñanos, Marcos.

     

    Se pusieron una a cada lado del chico y caminaron con él hasta el otro lado del puente. Cuando llegaron, Marcos vio lo que parecía una inmensa carpa de circo iluminando un claro del bosque. Un clamor de voces llegaba desde el interior, y las chicas apretaron el paso para conducirle dentro. Entraron por una puerta lateral y vieron a cientos de niños, aproximadamente de la edad de Marcos, hablando unos con otros. Las gemelas dejaron al niño y se volvieron corriendo hacia el mostrador, sin darle tiempo ni a empezar a preguntar. Dos chicos se le acercaron sonrientes.

     

    - ¿Vos sos el español? –preguntó el más bajito de los dos. Una vez más, Marcos asintió sin decir nada, y tuvo la impresión de no haber parado de hacer lo mismo en toda la noche.- ¡Bienvenido, ché!

    - Ho-ola. ¿Quiénes sois?

    - ¡Yo soy el argentino, obvio! Y este calladote es el canadiense...no habla mucho, pero está reloco el pibe.

     

    Marcos apenas tuvo tiempo de saludar al reloco cuando una mano le tocó en el hombro. Se giró, y vio a una preciosa chica saludándole con una sonrisa.

     

    - Nos alegramos mucho de que hayas podido venir, Marcos. Imagino que tendrás algunas preguntas.

    - La verdad es que sí...

    - No te preocupes, todo quedará explicado enseguida. Mira. –la chica señaló hacia una pared llena de banderas de países, todas con una cara sonriente dibujada en el centro- Este congreso se celebra de forma anual desde hace más de trescientos años. En cada reunión del C.U.L.I., los representantes de los niños de todos los países del mundo se reúnen y toman las decisiones que creen necesarias para mejorar la situación de todos los niños del mundo. De este congreso han surgido la mayoría de conciertos y artos benéficos, las ONG, la declaración de los derechos del niño, casi todo lo que se te ocurra. Y no solo eso, no te pongas tan serio: también hemos tomado decisiones importantes acerca de las verduras que nos gusta comer y las que no, y acerca de las películas que queremos que pongan en las navidades.

    - ¡Pero yo no sé nada de todo eso! –exclamó Marcos con los ojos como platos.

    - No te preocupes por eso, Marcos. Te he estado observando, y estoy segura de que serás un líder fantástico. Eres sensible, cuidas de los niños más pequeños frente a los mayores y te preocupas por los problemas de los demás. Y eso, Marcos, es lo que buscamos. A veces creemos que los niños necesitados están solo en África y sitios así, y es verdad en gran parte. Pero otras veces los tenemos mucho más cerca, y es algo que tu siempre has sabido ver. Ten fe en ti mismo, Marcos. Yo la tengo en ti. –sonrió, con la boca y con la mirada, y se marchó a hablar con otros niños que la esperaban. Cuando todavía estaba a unos metros, Marcos se dio cuenta de que no sabía su nombre.

    - ¿Cómo te llamas?- preguntó a la chica, que se volvió para contestarle.

    - Me conocen por muchos nombres, Marcos. Puedes llamarme Hija de la Luna –contestó con un guiño de ojos, y se perdió entre la multitud.

     

    Marcos se quedó parado con la boca abierta. Conocía ese nombre, y ahora que lo pensaba, la conocía a ella también. La había visto en sueños. Todavía estaba tratando de buscar las palabras que necesitaba cuando el argentino y el canadiense se pusieron a su lado.

     

    - ¡Es la...- empezó a decir Marcos.

    - La emperatriz infantil, sí. –dijo el canadiense. Pasó el brazo sobre los hombros de Marcos y le dijo con tono cómplice- vamos a nuestros sitios, socio. Hay mucho trabajo por hacer.

     

    FRASE DE LA SEMANA: “El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación”

     

    November 15

    FINALISTAS DEL CERTAMEN "RELATO DE TERROR 2007"

    Por fín, tras largas deliberaciones, podemos presentaros a los cinco finalistas del concurso "RELATO DE TERROR 2007" organizado por nuestra página web www.ElCuentaCuentos.com
     
    Tenemos que decir que ha sido tremendamente dificil escoger solamente cinco historias. Hemos dejado fuera relatos magníficos, pero teníamos la obligación de realizar la selección y este es el resultado. Esperamos que disfrutéis con su lectura, que juzguéis con buen criterio y que, entre todos, decidáis cual de estas historias será galardonada con primer premio del concurso.
     
    Los votos podrán realizarse desde este momento hasta las doce de la noche del 22 de Noviembre. Se remitirán por correo electrónico a la dirección concursoselcuentacuentos@gmail.com otorgando 3, 2 y 1 punto respectivamente a los tres relatos elegidos. Podrán votar todos los cuentacuentos con independencia de haber participado o no en el concurso.
     
    Muchas gracias a todos por participar, y sobre todo...¡Mucha suerte!
     
    Lee aquí:
     
     
     
     
     
     
    PD: ¡No os olvidéis de la frase de la semana!
     

    FINALISTA: RELATO DE ILSA BLANE

     

     

    No tengo nombre y van a matarme.

     

    Escribo esto en el reverso de las hojas de un libro que he encontrado detrás de la tercera piedra de la segunda fila. Probablemente es lo único que queda del anterior inquilino: sé que sus huesos son el polvo que pisan mis pies y no sabría decir por qué acabó aquí. Tampoco sé para qué o quién escribo esto: me tienen recluido en una gruta que da al mar y dudo bastante que pueda hacerle llegar a alguien este mensaje. Pero creo que escribir me ayudará a no enloquecer del todo, a tener algo con lo que entretenerme.

    Todavía no entiendo muy bien qué hago aquí. Llegaron de noche a mi casa, con un pañuelo impregnado en cloroformo, como en las películas, me durmieron y lo siguiente que recuerdo es despertar con un terrible dolor de cabeza en esta oscura cueva.

     

    No sé, de verdad, qué he hecho para terminar aquí. Llevo toda mi vida en este pequeño pueblo, junto al mar. Mi madre murió al darme a luz y mi padre no quiso si quiera nombrarme,  por lo que los primeros recuerdos que tengo le incluyen con un “llevas la muerte contigo, pequeño diablo” en la boca.

    Siempre quise ganarme su favor, cosas de críos, por lo que acepté aquellas frases como un desafío personal: cada tarde, al salir del colegio, iba al bosque, el que empieza donde la playa acaba, y buscaba un animal. Primero lo observaba escondido entre los matorrales, incluso llevaba algo de comida en los bolsillos para acercarme a él. Una vez que me ganaba su confianza, lo torturaba. En aquellas tardes de otoño aprendí a cortar extremidades con la precisión de un cirujano. Podía hacer infinitas formas con pieles de distintos colores y tamaños. Pero lo que mejor se me daba era vaciar las cuencas de los ojos. Iba despacito, despacito, siempre pensando que, detrás de aquellas bolas viscosas, me encontraría con  las imágenes que habían visto durante esos años por el bosque, por el pueblo, quizá al otro lado de la frontera.

    Pero me equivocaba. Sólo encontraba más sangre. Y aun así, seguía intentándolo: cuando volvía a casa, con los bolsillos llenos de trofeos y las uñas cubiertas de tierra por esconder a mis “víctimas” a metros de profundidad de los curiosos de mis vecinos, solía dejar partes de los animales a la vista de mi padre, para llamar su atención, para sentirme reconocido en aquellas palabras que me dedicaba siempre.

    “Hueles a muerte, muchacho”

    Y nada más.

    Los objetos que dejaba al azar por las habitaciones desaparecían, sin preguntas. Él sólo me miraba como a un extraño y apretaba los dientes y el camafeo de mi madre entre sus manos.

    Ni gritos, ni reproches, ni insultos. Sólo esa voz ronca que no me nombraba y esa mirada que no me veía.

     

    Seguí creciendo, llevando mi muerte conmigo.

     

    Supongo que dar el paso para acabar con algo más grande fue totalmente natural. Por el pueblo me miraban raro. Siempre supe que aquellas voces callaban a mi paso porque, precisamente, hablaban de mí. Cuando me miraba en el espejo, mi aspecto era el de un chaval normal para mi edad. No llamaba la atención por mi ropa ni por mi aspecto. Pero podía notar sus afiladas miradas clavándose en mi nuca. El frío de las palabras del tendero cuando iba a la compra. Parecía que tiempo y espacio se pararan en mi presencia.

     

    Por eso, para hacerme notar ante los demás, seguí matando.

     

    Claro que, al principio, nadie reparó en ello. Que desapareciera el vagabundo que se había quedado dormido en el parque los últimos quince días, huyendo de a saber qué truculenta historia en el pueblo de al lado no le importaba a nadie. Si dos días después aparecía su cadáver cerca de la playa, destrozado, todos daban por hecho que se había ahogado y que los peces se habían cebado con él. A nadie se le ocurriría pensar que quizá los ojos que había en el tarro de mi cuarto eran últimamente más grandes y más tristes( curiosamente, descubrí que las cuencas de los humanos tampoco esconden los negativos de las imágenes que recuerdan).

     

    Tres vagabundos y un turista perdido después, el miedo se instaló en el pueblo. “ Una bestia en el bosque”, decían. Ni siquiera se habían dado cuenta en ese tiempo de que prácticamente no quedaban alimañas por allí. No había lobos aullando y quizá las noches de luna llena en completo silencio les aterrorizaban más. Una bestia silenciosa. Que no se hacía notar. Que no avisaba.

     

    Con todo el mundo mirando hacia otro lado, me crecí. Tanto tiempo pasando desapercibido me dio alas. Quería saber qué se sentía al cambiar la muerte de desconocidos por la de gente de mi día a día. Tendría que escoger bien mi víctima. A estas alturas, que descubrieran mi afición daría al traste con lo único que daba sentido a mi vida. Y eso no podría soportarlo.

     

    “ Llevas la muerte contigo, pequeño demonio”, me dijo de nuevo al despertarse aquel día. Y supe que mi próxima víctima sería él. Quería probar un nuevo método de tortura. Y él estaba allí, torturándose desde hacía años.

    Irónico, ¿verdad? Le traje a esta misma gruta hace dos semanas. Salimos de paseo, como cada jueves. Él con su libro, enfrascado en la historia que hay en el reverso de mis últimas palabras, ajeno a todo lo que le contaba. Cuando me cansé de su indiferencia, saqué uno de los ojos de mi bolsillo y empecé a contarle a mi padre toda la historia, desde el principio. Desde el primer pájaro. La primera cabeza aplastada. El turista que terminó con su guía de carreteras, página a página, en el estómago

     

    Ahí fue cuando supe que me estaba escuchando: intentó deshacer el camino andado, con las manos blancas de apretar el libro que tenía entre ellas. Pero sabía que era demasiado tarde. Y acabó aquí, atado a las piedras.

    El plan era sencillo: dejar que el agua le ahogara en cuanto subiera la marea y verlo desde el otro lado de la orilla. Dejar que los peces hicieran esta vez el trabajo sucio por mí. Con un poco de suerte, lograría sacar la cabeza del agua y podría aguantar varios días.

    Pero no fue así.

    Claudicó en la primera noche. Me dejó sin posibilidad de disfrutarlo. Así que cada día he tenido que volver a machacar lo que quedaba de él. Sin saña, sin rencor. Hay que ser práctico y no dejar nunca rastro.

     

    Sin embargo, creo que en uno de mis viajes me descubrieron. En el pueblo se hablaba de la desaparición de mi padre, y, aunque nadie se acercó a preguntarme, todos me miran raro, como siempre, sí, pero distinto. Supongo que me siguieron, hatajo de metomentodos, y ataron cabos.

     

    Se han tomado la justicia por su mano, asesinos sin escrúpulos. Pero no se saldrán con la suya. El agua me llega ya a la altura del pecho. Y sé que puedo resistir. Que aguantaré el embiste de la marea alta sin que el agua me cubra del todo. Se mojan las páginas, guardaré esto donde estaba. Si llego a mañana, la próxima página será la de mi venganza. Mi venganza sin nombre.


    November 13

    Frase de la semana, 13 de Noviembre de 2007

    Érase una vez, hace muchísimos años, que en un pequeño pueblo de la costa irlandesa apareció un imponente carromato. Y digo apareció porque nadie lo vio ni lo oyó llegar. Amaneció una lluviosa  mañana de domingo en la plaza del ayuntamiento, como salido de la nada, con un cartel que rezaba lo siguiente: “Cosas Necesarias”. Sin embargo, el hecho era que allí estaba el carromato, reluciente como un par de zapatos nuevos. Pocos fueron los que se acercaron a tocarlo con sus propias manos, y contaron a los demás curiosos que estaba tan caliente como si llevara un pedazo de infierno dentro.

     

    Cuando el reloj del ayuntamiento dio las doce campanadas del mediodía, la puerta trasera del carromato se abrió de golpe. Todos se agolparon para ver como asomaba la figura de un hombre rodeada por un espeso humo azul. El extraño personaje bajó de un salto al suelo de tierra y abrió los brazos llevando la capa hacia atrás y obsequiando a los asombrados lugareños con una elegante reverencia. Vestía traje oscuro con una capa roja, sombrero de copa y una afilada perilla. Terminó la reverencia y sin borrar la sonrisa de su rostro caminó hasta situarse a sólo un metro de los boquiabiertos vecinos.

     

    - Hola, hola, hola y hola, queridos amigos. Es todo un honor para mí, su humilde servidor, haber llegado hasta este precioso y acogedor pueblo de…- realizó un suave gesto con la mano en dirección a la joven que quedaba a su derecha.

    - Carnalleigh –dijo la muchacha.

    - …Carnalleigh para ofrecerles mis increíbles productos. Debo advertirles, sin embargo,  que se tratan de objetos realmente fabulosos y completamente desconocidos en estas tierras, no en vano los habitantes de Cork estuvieron a punto de agotar todas mis existencias.

     

    El hombre hizo una pausa para observar complacido el efecto que causaba al decir que venía de la ciudad, y continuó con su discurso agradado por las caras de asombro que había provocado.

     

    - Son objetos, admirados y distinguidos señores, no aptos para estar en manos de gentes cualesquiera. Sin embargo, mi instinto me dice que todos ustedes sabrán apreciar y valorar la oportunidad que les ofrezco, oportunidad única en sus vidas, me permito añadir. Veamos…-rebuscó en los bolsillos del abrigo y sacó un reloj dorado que pendía de una cadena brillante.- Este reloj, este fantástico reloj, estuvo a punto de caer en las poco deseables zarpas del alcalde de Cork. Hubiera sido una pena, una verdadera tragedia, haberme desprendido de uno de mis mayores tesoros para beneficio de una persona tan poco…apropiada.

     

    Hizo especial énfasis en esta última palabra, y mantuvo la sonrisa mientras escrutaba a la concurrencia. En primera fila, un hombre orondo se agitaba con nerviosismo mientras miraba el reloj. El comerciante se acercó despacio hasta el hombre exagerando una expresión de profunda convicción.

     

    - No me diga que usted es…- rodeo al hombre escrutándole mientras atusaba su perilla- Sí, no hay duda, ese porte, ese aire digno…usted debe ser el alcalde de Carnalleigh.

    - Rufus Clayderwithe, para servirle.

    - Señor Clayderwithe, salta a la vista que usted es un hombre de mundo. –Rufus asintió complacido, a pesar de que jamás había salido del condado-. Aún así tengo mis dudas, este reloj es una pieza demasiado valiosa que debe estar en las manos de la persona más poderosa de la villa. No me interprete mal, no dudo que esa persona sea usted, ni muchísimo menos…

    - ¡Esa persona soy yo! –interrumpió un hombre alto desde la segunda fila. Se abrió paso entre los congregados hasta situarse al lado del alcalde.- Soy Randall Mirren, dueño de todas las tierras de aquí hasta Ralleigh, al otro lado del bosque. Soy, en verdad, el hombre más poderoso del pueblo y por lo tanto, el mejor dueño posible para ese reloj.

    - ¡Randall! –Exclamó asombrado el alcalde- ¡No esperaba algo así de un amigo!

     

    Randall  movió los pies incómodo, pero no se desdijo de sus palabras. El comerciante sostuvo el reloj ante los ojos de ambos y lo hizo oscilar levemente. El alcalde y el terrateniente lo miraban fijamente, hasta que el hombre lo guardó en su bolsillo de repente rompiendo el embrujo. Los dos amigos soltaron un gritito al unísono y alargaron la mano tratando de impedir que el objeto dorado cayera en el bolsillo, pero ya era tarde. El reloj estaba fuera de la vista y el hombre misterioso ya les había dado la espalda.

     

    - Muy queridos amigos, eso no es todo…en realidad, eso no es más que el comienzo. Tengo objetos maravillosos para todos, y a unos precios más que razonables –cuando dijo esto acarició la cabeza del perro de la pequeña Martha, y este se apartó gruñendo. Nadie notó la mirada de odio que el hombre le dedicó, nadie excepto Colin, el hermano de Martha. El hombre continuó hablando con el mismo tono afable – Sin embargo, he hecho un viaje muy largo y me encuentro muy cansado. Si alguno de ustedes fuera tan amable de acogerme en su casa tan sólo por una noche podría descansar mis huesos en una cama de verdad y a buen seguro estaría mucho más dispuesto a rebajar mis precios y hacer negocios con gentes tan acogedoras.

     

    Varios de los vecinos maravillados aún por los efectos del reloj levantaron las manos. El hombre sonrió complacido, e hizo con las manos un simpático gesto de agradecimiento. Se dirigió hacia el carromato y al momento salió con una pesada maleta.

     

    En aquellos mismos instantes, Colin corría tan rápido como sus pequeñas piernas le permitían. Pasó junto a la granja y atravesó el puente de madera que llevaba hasta su casa. Abrió la puerta de un empujón mientras llamaba a gritos a su abuelo.

     

    - ¡Abuelo! ¡Abuelo, tienes que venir!

    - ¿Qué ocurre, Colin? –Carlten, que había quedado ciego hacía más de veinte años, se mecía en una butaca junto al fuego.

    - ¡Ha venido! ¡El hombre del que me hablaste! –Se situó justo delante del anciano- ¡¡Está en la plaza, tienes que venir!!

    - ¿Estás seguro, Colin? ¿Seguro que es el hombre del que te hablé?

    - ¡¡¡Sí!!! ¡¡¡Corre!!!

     

    El anciano buscó a tientas su bastón y se incorporó a duras penas. Una vez de pie se echó una manta por encima de los hombros y se agarró a la capucha del chico.

     

    - ¡Rápido! Llévame allí.

     

    El niño caminaba tan rápido como Carlten podía hacerlo, y a menudo tiraba de él como un perro ansioso por ir a la calle. Su abuelo le había contado historias terribles, y no dejaba de pensar que Martha estaba en la plaza con aquél hombre. Cuando por fin llegaron, la multitud caminaba despacio hacia la casa del alcalde. Al frente de todos, este acompañaba al comerciante y cargaba con su maleta. El abuelo de Colin gritó.

     

    - ¡Alto ahí! Que nadie deje a ese hombre atravesar el umbral de su casa, pues si lo hace traerá la muerte y la desolación.

     

    El comerciante se giró, y esta vez no pudo disimular su cara de rabia.

     

    - ¿Quién es ese viejo borracho?

    - Poco importa quién soy – contestó el anciano- Sin embargo importa, y mucho, que yo sí sé quien eres.

    - No sé a qué te refieres, anciano, pero estoy muy cansado. Si me permites, iré a dormir a la casa de mi anfitrión y mañana podremos aclarar este malentendido.

     

    Se dio la vuelta y empezó a caminar, pero entonces Carlten volvió a hablar.

     

    - Te reto a un duelo de honor.

     

    El comerciante se giró enfurecido y caminó hasta situarse delante del abuelo, hablando con una voz envenenada.

     

    - Tú lo has querido, viejo. Acepto tu reto, y si vences, me marcharé. Pero si yo gano, será en tu casa en la que dormiré.-al decir esto miró a Martha y Colin, agarrados de la mano junto a su abuelo.

    - Me parece justo – dijo el viejo.

    - Será un reto divertido, sin duda. Divertido para mí, al menos –rió el comerciante- Ambos esconderemos un objeto del otro, y el que antes lo recupere vencerá el duelo. Es sencillo.

     

    Carlten se dirigió hasta el centro de  la plaza, junto al carromato del hombre. Hizo un gesto con la mano para indicar que cedía el turno, y esperó. El comerciante le miraba pensativo.

     

    - El objeto que te pido, viejo, es la cadena de oro en la que llevas un cabello de tu mujer fallecida. Dámela.

     

    Colin se sorprendió al escuchar aquello… ¿cómo podía aquél hombre conocer la cadena de su abuelo? Sin embargo éste no se sorprendió, si no que se quitó muy despacio la cadena y se la entregó. El comerciante la miró satisfecho y con un gesto de su mano la lanzó con fuerza a lo alto del roble que gobernaba la plaza. Un suspiro recorrió la plaza en boca de los allí congregados, pues se dieron cuenta de que el viejo Carlten no tenía ni la más mínima oportunidad.

     

    - El objeto que te pido, Belial, es tu anillo.

     

    El hombre dudó. Hacía muchos años que nadie le llamaba por su verdadero nombre, un nombre maldito para la mayoría, y escucharlo de boca de aquél anciano ciego le asustaba. Al menos, todo lo asustado que podía estar alguien de su condición. Sin embargo no podía negarse, esas eran las reglas de los retos de honor. Se quitó el anillo y se lo entregó al viejo, y su aspecto cambió al instante. Su elegante disfraz de simpático comerciante desaparecía cuando se quitaba el anillo, y todos pudieron ver las llagas y pústulas que cubrían su rostro, sus ojos ensangrentados y sus dientes afilados. Poco importaba ya, eliminaría al viejo y después acabaría con el resto del pueblo.

     

    El anciano cogió en sus manos el anillo y se agachó para dárselo a su nieto. Este echó a correr en cuanto escuchó lo que su abuelo tenía que decirle, pero no preocupó a Belial en absoluto. Aún sin el anillo, corría más que cualquier hombre, y era más fuerte también. Recuperaría su joya, su disfraz y acabaría con aquella molesta intromisión.

     

    - Adelante –dijo el anciano. Belial observó divertido como Carlten caminaba de la mano de su nieta hasta un el árbol. Le pidió a un vecino que le dejara un hacha y se apartara. Cuando comenzó a golpear al árbol con sus débiles brazos, todos supieron que tardaría varias horas en hacerlo caer. Mientras tanto, la criatura que había aceptado el reto de honor del viejo comenzó a buscar al muchacho. Podía sentir su olor y escuchar su respiración agitada a varios kilómetros de distancia, así que siguió el rastro hasta desaparecer detrás de una esquina. El viejo continuó, inmutable, golpeando con el hacha, como si no hubiera ninguna prisa en ello. Belial encontraría a Colin, estaba seguro, pero jamás le podría coger. Un grito furioso se escuchó desde un lugar cercano.

     

    - ¡NOOOOOOOO! ¡MALDITO VIEJO! –Carlten sabía que ya había encontrado a Colin, y sonrió satisfecho. Los bufidos de Belial se acercaron por la plaza, pero hasta que el reto no acabara no podía tocarle ni a él ni a nadie si no tenían el objeto.- ¡MALDITO DESGRACIADO! ¡SABES QUE AHÍ NO PODRÉ ENTRAR!

     

    -Lo sé, y por eso le pedí a Colin que se escondiera allí. Fíjate, para que luego digan que las iglesias no resultan útiles. –El abuelo soltó una carcajada, y continuó con su golpear cadencioso. Ya había avanzado casi hasta la mitad del árbol, mientras que a su espalda Belial se desesperaba consumido por el odio y la rabia más intensos. A cada nuevo hachazo, la criatura soltaba un nuevo grito, hasta que sin poder soportarlo más se encerró en su carromato. Carlten estaba a punto de talar el árbol por completo cuando llamó a Martha.

     

    - Martha, tienes que hacerme un favor. Ve a la iglesia, y dile a Colin que detrás del altar hay una baldosa suelta. Esconded el anillo debajo, y volved rápido aquí.

     

    La niña repasó mentalmente las instrucciones y partió en busca de su hermano. A los tres minutos ambos regresaban con una sonrisa.

     

    - Muy bien, pequeños, ahora apartaos. – El anciano asestó un golpe mucho más potente que los anteriores y el árbol comenzó a ceder en dirección contraria. Una vez éste golpeó el suelo con estruendo, el abuelo le pidió a Colin que le llevara hasta la cadena, pues para considerar el reto resuelto era él el que debía cogerla. Cuando lo hizo, una gran llamarada estalló en el carromato, rompiendo su puerta y su única ventana. Al momento, éste, tal y como apareció de la nada, regresó a ella.

     

    Los habitantes de Carnalleigh jamás olvidaron aquella visita y decidieron, a modo de recordatorio para futuras generaciones, dejar el roble talado en el centro de la plaza por los siglos de los siglos. Y ese es también el motivo por el que en Carnalleigh están prohibidos los carromatos, guardan el hacha que usó Carlten y no está permitido entrar a la vieja iglesia. Supersticiones de pueblo, dirán algunos. Recuerdo de Belial, os diré yo.

     

     

    FRASE DE BELEITA: "EL CAMINO ERA TAN ESTRECHO QUE SE HACÍA DIFÍCIL CAMINAR ERGUIDO SIN CAER"

    November 06

    Frase de la semana, 06 de Noviembre de 2007

    Eran algo más de las nueve de la mañana cuando Clara se despertó. Como siempre que no había colegio, no fue necesario un despertador ni la insistencia de su madre para que lo hiciera. En lugar de eso, unos simples rayos de sol que llegaban a su rostro desde la ventana de la habitación le sacaron con delicadeza de un agradable sueño. Clara se sentía contenta, había añorado durante todo el curso la casa de campo de los abuelos y el hecho de despertar escuchando el repiqueteo de la máquina de coser de la abuela le confería al día que empezaba un toque mágico.

     

    Se levantó de la cama de un salto y se puso los vaqueros que había dejado encima de la silla la noche anterior y una camiseta amarilla que tenía un dibujo de un sol sacando la lengua. Se puso también sus zapatillas de deporte, se lavó la cara y los dientes y bajó corriendo las escaleras en dirección a la cocina. Como adivinó antes incluso de entrar, su abuelo estaba haciendo tostadas para todos. Había varias tazas en la mesa cuando Clara se sentó, después de darle los buenos días a su abuelo con un beso. Se echó más colacao del que la leche podía admitir y esperó a que su hermana y su abuela bajaran a desayunar. Una vez que estuvieron todos juntos, dieron buena cuenta de las tostadas y de lo que quedaba de la tarta de manzana de la cena, y dejaron los platos en el fregadero.

     

    Clara subió entonces a la habitación para hacer la cama y recoger los juguetes que estuvieran descolocados. Hasta ese momento su plan, aparentar que aquél martes era un día cualquiera de las vacaciones de verano, había funcionado a la perfección. Nadie había notado nada diferente, nadie se podía haber dado cuenta de la excursión que estaba planeando. Se sonrió a si misma en el espejo y cogió la mochila que había escondido detrás de la cama. En ella había metido una gorra, un libro de cuentos, una libreta en blanco, la pequeña cámara de fotos de la que rara vez se separaba y una camiseta de manga larga por si acaso. Bajó hasta la cocina desierta y se acercó sigilosa hasta el frigorífico. Rebuscó en su interior y encontró lo que buscaba. Guardó en un trozo de papel una manzana, un pedazo de pan y cuatro quesitos. Lo pensó unos instantes, abrió de nuevo la caja de quesitos y tomó dos porciones más. Guardó todo en la mochila y salió por la puerta trasera, la que daba al patio y a la piscina. Atravesó el jardín de rosas de la abuela y continuó hasta llegar al bosque donde solía jugar a "pillado" con otros niños.

     

    Una vez en el bosque caminó hasta llegar al pequeño arroyo que delimitaba su zona de juegos de aquella otra en la que no les estaba permitido adentrarse, y tras vacilar un momento lo atravesó de un salto. Más adelante el arroyo crecía y ya no podía pasarse tan fácilmente, pero a esa altura era poco más que un pequeño reguero de agua. Caminó durante casi una hora, y se sentó en el suelo para dar cuenta de los primeros tres quesitos. Cuando hubo saciado su apetito con la comida y su sed con el agua clara del arroyo, siguió entre los árboles sin saber muy bien lo que esperaba encontrar, aunque estaba segura de que lo sabría en cuanto lo viera. Había soñado con aquél lugar cientos de veces, y cuanto más se acercaba, más aumentaba aquella dulce sensación de encontrarse en casa. Pasó junto a unos matorrales de un extraño color violeta, y supo que debía encontrarse realmente cerca de su objetivo, y al rodear una enorme piedra que bloqueaba el paso se encontró delante de la puerta de entrada. No era una puerta al uso, ni había nada a simple vista que indicara que aquél lugar era el acceso al país más misterioso que uno pudiera visitar nunca. No había picaporte, ni rejas de metal, ni puerta de madera. Nadie guardaba el paso, porque nadie que no tuviera que entrar podría jamás encontrar aquél extraño rincón.

     

    Clara respiró hondo y, por un momento, se sintió como Sarah a punto de entrar en el laberinto para enfrentarse al Rey de los Goblins en busca de su hermano pequeño. Avanzó con cuidado, y cuando atravesó los dos árboles que flanqueaban la invisible puerta, todo cambió a su alrededor. Flores de colores imposibles engalanaban los árboles y seres de todo tipo correteaban por el suelo o volaban gráciles a su alrededor. Clara reconoció a algunos de ellos, pues formaban parte de aquellas historias que él les relataba, pero muchos otros resultaron completamente nuevos y sorprendentes para ella. Miró al frente y vio un camino de flores amarillos delante de sus pies que llevaba directamente hasta una puerta metálica de color rojo. Se situó frente a esta y llamó golpeando la aldaba con fuerza contra la puerta. Una pequeña mirilla se abrió un palmo por encima de su cabeza, cerrándose al momento. Como nadie contestaba, Clara volvió a golpear la aldaba dos veces más contra el metal. Otra mirilla, esta vez justo a la altura de sus ojos, se abrió y dejó a la vista una nariz puntiaguda seguida de una extraña mirada.

     

    - ¿No es muy pronto para armar tanto jaleo? –le preguntó la criatura a la que pertenecía aquella nariz.

    - En este país nunca se le dio importancia al tiempo, no piense que habla con una novata. Vengo a ver al Señor de las Historias. –dijo al tiempo que enseñaba la tarjeta que desde su pecho anunciaba “¡soy un cuentacuentos!”

     

    Entró con decisión cuando la puerta se abrió y de nuevo le envolvió aquella sensación de conocer el camino al detalle, aunque nunca antes había estado físicamente allí. Supo, sin dudarlo, que ya había estado allí en sueños muchas veces. Anduvo por el camino amarillo, esta vez formado por brillantes baldosas que le guiaron hasta una pequeña puerta. No tuvo que llamar de ninguna manera, pues cuando estuvo frente a ésta ella misma se abrió con un débil chirrido. Entró en la casa en silencio y observó su interior. Tardó unos instantes en acostumbrarse al desorden que tenía frente a sí. Miles de libros, puede que millones, amontonados por todas partes. Plumas y tinteros que caminaban solo por el suelo de la casa, mientras que hojas llenas de historias volaban de un lugar a otro como si no hubiera tiempo que perder. Clara no sabía para qué, pero desde luego no había que perder ni un minuto. Entonces le vio.

     

    El Señor de las Historias estaba inclinado encima de una mesa de madera vieja, debajo de la ventana. Clara no hubiera podido describirlo aunque hubiera querido, pues no era joven ni viejo, ni rubio ni moreno, ni siquiera estaba claro que fuera un hombre. A cada instante su rostro cambiaba, su voz tomaba una nueva modulación y sus ojos hablaban de mundos diferentes. Clara se quedó embelesada, sin atreverse a acercarse ni a abrir la boca. Entonces, él la vio y con un gesto le indicó que se acercara.

     

    - Hola Clara, -dijo con una afable sonrisa en su rostro- me alegro de que hayas venido.

    - ¿Sabe mi nombre? –preguntó la niña con los ojos abiertos de par en par.

    - ¡Por supuesto! Os conozco a todos y cada uno de vosotros a la perfección. Y mucho más siendo una de las veteranas. –dijo en tono confidencial, guiñándole a Clara un ojo cómplice-.

    - Entonces sabrá a lo que he venido. Echo de menos sus historias, señor.

    - ¡No me trates de usted, por favor! Yo soy sólo uno más de vosotros. Y ya sé lo de las historias...he estado muy ocupado, nuevos proyectos, nuevos cuentacuentos...- mientras hablaba observaba la cara de la niña, que le miraba sin pestañear.- Sabes que me encantaría cumplir cada semana, pero a veces, por todo mi trabajo, no me es posible.

    - Pero hace mucho que no nos regala un cuento. Y tengo muchas ganas de levantarme un martes y poder descubrir sus relatos como hacía antes.

     

    El Señor de las Historias se agachó para quedar a la misma altura que la niña. Sonrió, enormemente satisfecho por la visita de la pequeña, y le dijo asintiendo:

     

    - Tienes razón, Clara. ¿Y sabes qué? Echo muchísimo de menos crear esos cuentos para todos vosotros.

    - ¿Entonces?

    - Volverás a tener tus cuentos cada martes, te lo aseguro.

     

    La niña se abalanzó sobre el hombre y le dejó un sonoro beso en la mejilla, lo que le sorprendió y agradó a partes iguales. La espontaneidad de aquella pequeña le había recordado muchas de las cosas que realmente importaban, y qué había dejado de lado ya por demasiado tiempo. Le alborotó el pelo con la mano mientras se reían y se sintió, por primera vez en mucho tiempo, completamente feliz.

     

    - Ahora cierra los ojos y piensa en cosas bonitas.

     

    La niña le hizo caso, y él soplo muy levemente encima de sus ojos. En ese mismo instante, Clara se despertó tumbada en su propia cama. El repiqueteo de la máquina de costura de la abuela le daba los buenos días mientras el olor a tostadas recién hechas servía como reclamo hacia la cocina. Clara sonrió satisfecha, y se levantó de la cama de un salto. No se molestó en vestirse, si no que corrió ansiosa hasta la mesa en la que cada tarde hacía sus deberes de verano. Allí efectivamente, una nueva historia había aparecido de la nada. Encima de esta, un tarro de cristal lleno de bolitas de anís, que tanto le gustaban, y una nota escrita a mano:

     

                                                  

                                                               GRACIAS

     

     

    Frase(s) de Jara:

     

    - ¿Qué haces?

    - Ver porno. ¿Y tú?

    - Pensaba en ti.                                              

                                                  

     

    October 30

    Frase de la semana, 30 de Octubre de 2007

    Una semana más, una de vuestras frases atraviesa las distancias para dar vida a vuestra imaginación. En esta ocasión es Carabiru la que nos invita a sentarnos con ella mirando hacia el sol a contar cuentos que empiecen con su frase. ¿Os animáis?
     
    FRASE DE CARABIRU: "UNA MANCHA DE VINO EN EL MANTEL"
    October 23

    Frase de la semana, 23 de Octubre de 2007

    Recuperamos el ritmo normal, con nuestra vieja y sana costumbre de encontrar una frase cada martes. En esta ocasión es la frase de una recién llegada la que nos da la oportunidad de crear, y una vez más, de creer.
     
    Frase de YAIZA: ¿Por qué el mar es azul?
    October 16

    SEMANA nº100, 16 de octubre de 2007

    Hay momentos en la vida en los que uno no es consciente de lo que comienza, de lo que tiene entre manos. No lo éramos en noviembre de 2005, cuando comenzamos con más ilusión que sabiduría esta aventura de El CuentaCuentos. Poco a poco, y gracias a todos los que os fuisteis animando a participar, un sueño fue abriéndose paso en la mente y el corazón de todos los que hemos contribuido a que nuestra iniciativa siga siendo lo que es, el lugar de reunión de todos aquellos que disfrutan escribiendo y leyendo relatos de todo tipo: El sueño de seguir acercando ilusión cada semana.
     
    Esta semana llegamos a la que debería ser nuestra frase número cien. Un número redondo, un número ciertamente impresionante de semanas en las que hemos disfrutado de vuestro apoyo y de vuestra compañía. Una celebración que engloba miles de historias, cientos de amigos de diferentes países y, sobre todo lo demás, la certeza de haber acertado con el camino. Un momento, en definitiva, no para mirar atrás, si no para no perder de vista el horizonte. Y nuestro horizonte, el de todos los cuentacuentos, está esperando a la vuelta de la esquina.
     
    Dentro de pocos días inauguraremos, o mejor dicho, reinauguraremos la web de El CuentaCuentos. Nos hubiera gustado mucho poder presentárosla hoy, y para eso han trabajado duro todas las personas que están y estarán a este otro lado de la barrera, pero finalmente no ha sido posible. Será una nueva casa con más contenido, un aspecto más atractivo y más tesoros para disfrutar del placer de la lectura, sin perder nada de la frescura que día a día aportáis con vuestra participación constante. Será vuestra casa, no tengo ninguna duda.
     
    Hoy os presentamos, eso sí, el segundo concurso literario de El CuentaCuentos. Bajo el título "Relato de Terror 2007" buscará igualar, al menos, el éxito de nuestra primera convocatoria allá por el mes de febrero. Será la primera de nuestras nuevas iniciativas, esperamos que las disfrutéis tanto como nosotros mientras las preparamos.
     
    Puedo ver la pregunta en vuestros labios: "¿Cual es la frase de esta semana?" No hay frase. Al menos, no una obligada. Esta semana os damos la oportunidad de empezar vuestros relatos con la frase que queráis vosotros. Podéis escoger alguna de las que no hayáis usado de todas las semanas anteriores, o una completamente nueva, lo dejamos a vuestra elección. Y no es dejadez ni falta de tiempo, nada de eso. Simplemente queremos celebrar, a nuestra manera, que la inspiración de cada semana no viene de las frases que os proponemos. Las frases son un comienzo, una puerta, el inicio del camino. Vosotros lo andáis cada semana con decisión, explorando nuevas rutas y llevando cada viaje a buen puerto. Esta semana queremos empezar con los ojos cerrados, aprender de cada uno de vosotros y dejarnos invadir por la magia que escapa de vuestros dedos casi sin que os deis cuenta.
     
     
    Muchas gracias por llegar hasta aquí. Como diría Bilbo Bolsón, he escrito este texto por varios motivos, pero "en primer lugar, para poder decirles lo mucho que les quiero y lo breves que son cien semanas* entre hobbits tan maravillosos y admirables".
     
     
    El Señor de las Historias y el equipo de El CuentaCuentos.
     
     
                                                               * En el original: ciento once años
     

    Bases "Relatos de Terror 2007"

    El CuentaCuentos (www.elcuentacuentos.com) convoca su segundo concurso de relatos, bajo el tema “Relato de Terror 2007” y las normas y premios especificados en las siguientes bases:
    1.       Los relatos se escribirán bajo un pseudónimo, diferente del usado en el blog personal y/o el foro de El CuentaCuentos, y este debe figurar en el asunto del mensaje que se envíe para participar.
     
    2.       El relato deberá ser enviado en un archivo Word con tamaño de fuente 10-12 y no deberá superar las 1500 palabras.
     
    3.       El correo que se envié tendrá la siguiente estructura:
    Asunto: Relato de (pseudónimo)
    Adjunto: Archivo Word con el relato.
    Cuerpo del mensaje: Nombre real del autor.
     
    4.       Los relatos serán admitidos desde el momento en que se publican estas bases hasta las doce de la noche del día 31 de octubre de 2007. Podrán participar todas las personas inscritas y participantes de El CuentaCuentos con anterioridad a la publicación de estas bases. Cualquier relato recibido con posterioridad no será admitido a concurso.
     
    5.       El día 15 de noviembre se darán a conocer los cinco relatos finalistas, identificados por sus correspondientes pseudónimos. El criterio a seguir por el jurado para la elección de los finalistas tendrá en cuenta factores como la originalidad de la idea, la habilidad narrativa del autor o la ausencia de las faltas de ortografía.
     
    6.       Una vez conocidos los finalistas se procederá a la votación, mediante correo electrónico y por parte de los miembros inscritos en El CuentaCuentos, que tendrán que conceder  1, 2 ó 3 puntos a tres de los relatos finalistas, enviando un correo a la dirección concursoselcuentacuentos@gmail.com que tenga como asunto la palabra votación.
     
    El relato que más votos reciba, desde el 15 de noviembre hasta el 22 del mismo mes, resultará ganador, y premiado con:
     
    -          Publicación en la Web del relato como ganador del concurso “Relato de Teror 2007”
    -          Recopilación de los relatos presentados a concurso con la dedicatoria especial de los creadores de la Web.
    -          Obsequio de un libro que será entregado en mano o bien enviado por correo postal al ganador del concurso.
     
    7.       En el caso de que dos relatos obtuvieran el mismo número de votos al finalizar el recuento, se realizará una segunda votación entre los relatos empatados. Si persistiera el empate, el jurado, compuesto por Ana B. (diseño artístico), Javier (webmáster) y El Señor de las hisorias, decidirán el ganador del certamen.
     
    8.       Cualquier persona que desvelara o diera cualquier información sobre la identidad real de alguno de los autores de los relatos finalistas resultará automáticamente descalificada del concurso.
     
    9.   En caso de cualquier duda sobre las bases de este concurso, se habilitará un tema en el foro para tal efecto, bajo el título de: “Relato de Terror 2007”
     
    10.   El envío de un relato implica la aceptación de estas bases, así como la autorización explícita del autor a los propietarios de la Web para su publicación en futuras recopilaciones.
     
    El equipo de dirección de El CuentaCuentos.
    October 09

    Frase de la semana, 09 de Octubre de 2007

    Scry nos trae una frase complicada...bastante complicada, en la linea de las que nos estamos encontrando ultimamente. Ya sabeis lo que hace tiempo decía: Reclamaciones, aplausos, collejas o alabanzas a su dueña ;)
     
    "Las palabras no significan nada, no son importantes, lo que marca son tus actos, y la coherencia de estos con tus palabras"
     
    Toma ya...
     
    October 02

    Frase de la semana, 02 de Octubre de 2007

    Esta semana recuperamos una frase enviada hace tiempo y, al parecer, perdida por los inexcrutables caminos de Bill Gates. Y nada como buscar en el origen de la frase, en su dueña, para obtener algo de luz sobre el asunto. Concretamente, luzdelunaclara:
     
    "Premisas falsas, conclusiones estúpidas"
     
    La frase, en la línea de las ultimas semanas. Rara, y con miga. Toda vuestra...
    September 25

    Frase de la semana, 25 de Septiembre de 2007

    Esta semana la frase nos la regala una de nuestras cuentacuentos más activas, a pesar de que ha llegado hace relativamente poco a nuestra aventura. Da gusto ver como los nuevos cuentacuentos llegan con fuerza, animando a seguir a los veteranos y llenandolo todo de historias y más historias...
     
    FRASE DE MISS LAWLIETT: "LAS LÁGRIMAS SILENCIOSAS SE ESCURRIERON VELOCES POR SUS MEJILLAS, PENSANDO EN ÉL Y EN LO MUCHO QUE LE AMABA" 
     
    Tiene lo suyo la frase. Para los que no se muevan cómodos en este estilo supondrá todo un reto...
    September 18

    Frase de la semana, 18 de Septiembre de 2007

     Poco a poco más gente se va animando a participar en El CuentaCuentos, de uno u otro modo van apareciendo por aquí. Algunos incluso engañados... pero no hay mal que por bien no venga. ¿Quién será el siguiente? Como dice la frase que nos concede Hell:
     
    "Incluso el que menos te lo esperas podría ser..."
     
    Hell apareció entre nosotros como una pequeña luz, sin esperarlo, y casi de súbito, no hizo falta engañarle mucho. Lo mismo es él quien nos engaña a nosotros.... podría ser ;)
    September 11

    Frase de la semana, 11 de Septiembre de 2007

     Seguimos alternando frases de nuevos cuentacuentos con otras de los más veteranos. Esta semana es Larisavel la que nos indica el camino con un frase muy interesante:
     
    "Quiero que mi vida sea de esas que se inmortalizan en un libro".
     
    Quizás esta sea la semana en la que empecemos a escribir ese libro...
     
    September 04

    Frase de la semana, 04 de septiembre de 2007

    Una semana más, el martes es el día de nuestra cita. Día  de sonrisas, de palabras y frases. Este semana, la anfitriona es Maya Takameru...yo solo pongo las pastas ;)
     
    "Se mordió los labios hasta que le sangraron los silencios"
     
    Interesante y jugosa frase...toda vuestra.